El Mapa no es el Territorio

Quizá algunos ya estéis familiarizados con el concepto de PNL (Programación Neurolingüística). Es largo el camino que la PNL ha recorrido desde su fundación en Santa Cruz (California) por Richard Bandler y John Grinder a comienzos de los años 70. Hoy en día, son numerosas las aplicaciones de este exitoso modelo para transformar la vida de las personas: psicoterapia, formación, coaching, ámbito deportivo, empresas…

La PNL es un modelo de comunicación que nos explica cómo procesamos la información que nos viene de fuera. Una de las premisas básicas de la PNL es que «el mapa no es el territorio» y que cada uno representamos la realidad (el «territorio») internamente de forma subjetiva, creando nuestro propio «mapa».

El mapa es el resultado de un filtrado que hacemos a través de nuestros sentidos (vista, oído, gusto, olfato y tacto). De todo el bombardeo de información que nos llega (dos mil millones de bits por segundo), nuestra atención consciente sólo puede captar entre cinco y nueve fragmentos en un instante. Esta filtración, además, se produce bajo la influencia de nuestros valores, creencias, recuerdos, experiencias, cultura…Todo esto implica que cada uno de nosotros tiene una visión muy personal de la realidad y al final… ¡cada uno cuenta la película a su manera!

El mapa no es el territorio

¿No sería mucho más fácil la comunicación con los demás si tuviésemos un mapa más amplio y flexible? ¡Claro que sí! La PNL trabaja a través de sus herramientas para que ampliemos y modifiquemos nuestro mapa y seamos capaces de entender y respetar los puntos de vista de los demás.

Os pongo un fragmento de una de mis películas favoritas, Amélie, en la que su protagonista, ayuda a un ciego a ampliar su mapa, aportándole una visión diferente de la realidad que por sí mismo, hubiese sido incapaz de percibir.

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