El Coaching es para valientes

Me vino esta frase a la cabeza hace unos días, mientras preparaba un vídeo corporativo sobre el Coaching de Liderazgo y Equipos. Pensé en mis clientes y sentí un tremendo respeto y admiración por su valentía a la hora de embarcarse en algo en principio tan desconocido para ellos, a sabiendas de que ello iba a implicar una inversión económica y, sobre todo, un importante esfuerzo mental y emocional.

 

En varias ocasiones me he quedado a las puertas de arrancar un proceso con un cliente. Cuando me inicié en esto del Coaching, me sentía muy mal ante estos “rechazos” ( así eran percibidos por mí en aquel momento). Me frustraba al pensar que no era capaz de transmitir a esas personas de la manera adecuada el potencial del Coaching y su efecto transformador. “¡Qué mal comercial eres, Itziar!”, me decía a mí misma. Poco tiempo después lo entendí: “No todo el mundo está preparado para el Coaching o quizá tu no eres la persona con la que quieren emprender este proceso”.

Está claro que no es nada fácil hacer entender a alguien en una primera conversación algo que es tan vivencial. Muchas veces los Coaches nos esforzamos por transmitir en qué consiste esto y no terminamos de ser del todo claros o nos metemos en abstracciones que llevan incluso a que se nos encasille en lo esotérico. Se habla de transformaciones vitales, de desarrollar al máximo el potencial de la persona, de soñar a lo grande porque todo es posible…y creo que esto puede provocar cierta confusión y desconfianza en el público, ya un poco cansado de algunas terapias pseudo-científicas que se han asentado en el mercado desde hace ya un tiempo.

El Coaching es algo serio, muy serio. Ni yo misma sabía lo que era exactamente cuando inicié mi formación como Coach. Venía de una larga carrera dentro del mundo de la Consultoría y la Dirección de RR.HH y pensaba que el Coach era una especie de mentor o consejero y sólo, cuando empecé a experimentar en mí a través de la formación las herramientas del Coaching, fui capaz de entender en qué consistía exactamente. Hay mucho escrito sobre el tema y podía haberlo leído en cualquier parte pero tuve que vivirlo para primero, entenderlo en profundidad; y segundo, quedarme totalmente prendada por su gran potencial y efectividad. Lo experimenté y me conquistó.

Recién salida de mi formación, sentí la necesidad de gritar al mundo aquello que yo había conocido. Mi pensamiento en aquel entonces era: “todo el mundo debería poner el Coaching en su vida, aunque muchos no lo sepan todavía”. Ahora con el tiempo y con la profunda comprensión de esta profesión a raíz del estudio y la experiencia, mi opinión es que: “El Coaching es un proceso potente y transformador para aquellos que están preparados para abrirle su mente y su corazón”.

No todo el mundo está en el momento de meter el Coaching en su vida, requiere un esfuerzo que la propia persona tiene que estar dispuesta a asumir. El Coach es un facilitador que te acompaña en el proceso pero no “te hace los deberes”, al igual que un entrenador personal no hace las abdominales para que te salga a ti la “tableta de chocolate” en el abdomen. El Coaching implica muchas cosas: un trabajo de instrospección (en ocasiones doloroso), cuestionarte lo que haces y cómo lo haces, lo que crees y cómo ello impacta en tu vida. Conlleva romper con hábitos, adentrarte en lo desconocido, gestionar tus miedos e incertidumbre, explorar nuevas alternativas, responsabilizarte de tus propios pensamientos, emociones y acciones. Te lleva a profundizar en lo que esperas de tu vida y a marcarte objetivos y planes de acción. Como decimos en Coaching, esto implica en definitiva salir de tu “zona de confort”, echarle un par, ser VALIENTE y, en definitiva, implicarte a fondo en tu propio proceso de crecimiento personal y/o profesional.

 

 

 

Hubo una frase de una clienta que me llamó especialmente la atención. Me dijo: “es que ésto me está llevando a mirar hacia dentro y veo cosas que no me gustan nada”. Mi respuesta fue (perdón por lo explícito): “podemos seguir metiendo la mierda debajo de la alfombra o enfrentarnos a eso que no nos gusta para ponerle solución”. En su caso, eligió lo segundo y llevó a fin el proceso como una campeona. Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a ello. Quizá no están en el momento adecuado, se sienten satisfechos con lo logrado o han decidido vivir en lo “malo conocido”. En todo caso, respeto la decisión tanto de los que quieren hacer lo posible por crecer y ser los protagonistas de sus propias vidas, como la de los que eligen no tomar ese camino. Eso sí, mi admiración va para los primeros.

Lo vuelvo a decir, alto y claro…el Coaching es para valientes!! Y desde aquí, mi respeto profundo por todos mis clientes particulares o empresas que han decidido tomar el camino difícil “echándole un par” y mi profundo agradecimiento por haberme elegido a mí como su compañera de viaje. 

Feliz semana!

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