Ayer tuve un buen día

Ayer tuve un buen día porque decidí tenerlo…

A primera hora de la mañana las cosas se complicaron un poco. Mi hijo Gael se pilló una rabieta de escándalo porque no quería llevar el plumífero al cole sino su forro polar color rojo, por lo que casi perdemos la ruta ya que no había manera de levantarle del suelo y que se pudiese el dichoso abrigo. Teniendo en cuenta que acaba de salir de una amigdalitis, no estaba dispuesta a ceder con el tema del plumífero. Cargada con el bolso, el portátil, el paraguas y Gael en la otra mano llorando sin parar, a duras penas conseguimos llegar a la parada a tiempo. Al final, se subió al autobús escolar y ya pude respirar tranquila. 

El autobús a Avenida de América tardó veinte minutos en llegar y con el atasco que había en la Nacional II, llegué al despacho a las mil. Sin embargo, a estas alturas de la mañana, ya había tomado una decisión: no dejar que el mal tiempo y un mal arranque me arruinase todo el día. 

Empecé a pensar en todas las cosas buenas que me esperaban esa jornada y a mirar mi realidad con un foco de positivismo: la gente con la que me iba a relacionar, mis sesiones de Coaching, mi ensaladita para llevar del Nice, mi sesión de aquarunning de las 8.00, acostar a Gael y leerle alguno de sus cuentos favoritos, cenar viendo un rato la TV y acostarme leyendo algún capítulo de «Misión Olvido» de María Dueñas, la novela que ahora mismo me tiene atrapada. Ante esta perspectiva, mi estado de ánimo empezó a cambiar. Mis nuevas creencias sobre lo que el día podría depararme me hicieron sentir diferente; y la lluvia, el frío y la mala leche mañanera de Gael, pasaron a un segundo plano. Decidí pensar diferente, sentirme diferente y actuar diferente.Ayer tuve un buen día. 



A mal tiempo, buena cara



Justo concidiendo con la nueva llegada del invierno en pleno mes de mayo que estamos sufriendo en España, llegó a mis manos el artículo «Sunny Day, Dreaming the Clouds Away» de la web del Instituto Albert Ellis en el que se nos habla sobre la relación entre el clima y el estado de ánimo.

Tradicionalmente se ha vinculado el temparamento o el estado de humor con determinadas condiciones climáticas. Está muy extendida la idea de que la humedad y la poca exposición al sol están relacionadas con un estado de humor triste o depresivo. Sin embargo, un estudio realizado en Alemania publicado en Emotion (Denissen et al., 2008) sugiere que la temperatura, el viento y la luz no tienen efectos significativos en el buen humor. 
 
En nuestro día a día nos encontramos muchas expresiones de este tipo: «A mí los días de lluvia me da la depre», «Con este mal tiempo se nos ha arruinado el puente», «Hasta que no haga sol y suban las temperaturas no voy a levantar cabeza». No obstante, ¿qué evidencia tenemos para considerar estos pensamientos como ciertos? ¿Es realmente la lluvia la culpable de nuestro estado de ánimo? ¿No tienes otras alternativas para disfrutar del puente con independencia del tiempo que haga? ¿Vamos a permitir que el tiempo nos dicte cómo nos tenemos que sentir?.

Child of the rain. www.wallpaperdev.com

Ayer mismo mi monitora de Aquarunning comentó que los días de lluvía le encantaban y esto me hizo pensar nuevamente en la fuerza de las creencias y cómo pueden llegar a conformar nuestra realidad. Lo que para muchas personas puede ser un motivo de tristeza para otras lo puede ser de alegría. La clave está en que nosotros decidimos lo que pensar y sentir ante los acontecimientos y tenemos en nuestras manos el poder de elegir. ¿Vamos a dejar que las condiciones climáticas determinen cómo nos sentimos o elegimos cómo nos queremos sentir ante los acontecimientos externos? Podemos tener preferencias. Yo prefiero un día soleado a un día lluvioso pero cuando el tiempo no cumpla mis expectativas, elegiré creencias y acciones que me ayuden a sacarle el mayor partido posible.

¡Feliz puente de Mayo a todos los madrileños!. Espero que lo disfrutéis haga buen o mal tiempo!

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